samedi 12 septembre 2009

El arte de emigrar…

Comencé a romperme la cabeza a partir del cuarto intento por subir las fotos que acompañarían uno de los trabajos de la serie que muestra el patrimonio inmobiliario alrededor del Parque Vidal. Cualquier migración trae consecuencias inesperadas. Migrar como las aves en busca de climas generosos tiene sus códigos, como tienen los cubanos al subirse valientemente a una balsa miserable y atravesar mares y estrechos, o los africanos lanzándose en pateras hacia las costas canarias o intentando llegar a la isla de Lampedusa viniendo desde las infernales tierras khadafianas. Sin olvidar todas las otras migraciones que día a día se ponen en marcha, en cualquier lugar real o virtual del planeta. No me gusta el facilismo, y aunque pude hacerlo de otra manera, decidí abrir una segunda parte a mi blog ya establecido. Pensé que es la mejor manera de mantener por un tiempo todos los trabajos publicados, y permitir que se siga yendo atrás en caso de curiosidad…

El Blog de Carlos Alberto Casanova seguirá respirando, auxiliado por el dos romano, al cual pueden llegar entrando en http://casanovacarlos2.blogspot.com/ o pinchando en el sitio que tiene en Blog-lazos en la columna lateral izquierda.

Vuelven a ser bienvenidos y como siempre, buena lectura y estoy a vuestra disposición!

mardi 8 septembre 2009

Regla & Caridad

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Ayer. Hoy. Dia de la virgen de Regla. Dia de la virgen de la Caridad del Cobre. Patrona de las aguas. Patrona de todos los cubanos. Yemayá y Ochún. Deidades criollas, representadas en el movimiento y la música que les presento en los dos vídeos tomados en febrero de este año en el Centro Cultural El Mejunje. El espectáculo, tambor y danza afrocubana, estuvo a cargo de Oché, grupo folklórico villaclareño.

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lundi 7 septembre 2009

El Recreo

Hemos entrado y salido del recinto cultural que Marta hiciera construir para ayudar a los pobres de Santa Clara. A su derecha, con la calle Lorda de por medio, un inmueble que pasa desapercibido, a pesar de su excelente localización, justo frente al parque Vidal, en el cuartón centro norte. En tiempos de la fundación, manigua y pura hierba. El solar iba desde la ermita de la Candelaria hasta la primitiva calle de los Huesitos (hoy Luis Estévez), y en sus principios fue mercedado a tres de las familias fundadoras de la villa. Me será difícil volver atrás para esos detalles, y me limito a comentar lo que mi pobre documentación me permita. Hubo en ese solar cuatro casas de tablas de palma y guano. Luego tres de embarrado y guano, y más tarde, dos inmuebles de mampostería y tejas. Ahora me referiré al inmueble levantado en la esquina de la calle Santa Ana (Lorda) y parque. Siempre lo he conocido como “El Recreo”, por la cafetería que allí había. La cafetería tenía un mostrador y mesas, y si la memoria no me engaña, en una de las paredes había una pintura mural representando la plaza, que hubo de ser bautizada Plaza de Recreo, allá por el XIX. Pienso que de ahí le venga ese nombre. La cafetería perdió una parte de su local en los años setenta, cuando fue construida la fábrica del conocido panké Villaclara (carretera Central Banda Esperanza, frente a la antigua Tenería). El panqué comenzó a ser vendido en ese local, que está entre la cafetería, y las viviendas contiguas. No sé exactamente si son dos o tres viviendas que se comparten el resto del inmueble. “El Recreo” ha sufrido multitud de cambios, pasando de cafetería a merendero, y de merendero a hamburguesera, que estuvieron muy de moda en los años difíciles del periodo especial, y que los estudiantes de la universidad llamaban “matahambres” (no confundir con el dulce del mismo nombre) y que en la Habana llamaron durante buen tiempo “MacCastroEl edificio de marras, sigue compartido entre la cafetería, el local (que hace muchos años dejó de vender aquellos pankeses calienticos, que también hacían rellenos con frutas confitadas) ambos pertenecientes a “alimentación ligera” (no sé si todavía existe el MINAL!), y las “viviendas” de familia. Entrecomillo viviendas, porque no creo que tengan las condiciones como tal, basta echar una ojeada para darnos cuenta. Bien que pudiera reflexionarse al respecto, y ofrecerse viviendas a estas familias con el objetivo de recuperar ese espacio urbano, que por su localización, podría agregarse al bregar cultural de la ciudad. Evidentemente, haciéndose uso de la jurisprudencia en materia de vivienda y propiedad, es decir, un estudio de caso, donde la desagradable “extracción” no tome parte en el asunto. Ya a finales del XVIII, estaban bien delimitadas tres viviendas, dos de las cuales ocupaban los actuales portales del “Recreo” y la tercera es el actual Museo de Artes Decorativas. Y aunque cada inmueble poseía fachadas diferentes, los tres gozaban del mismo soportal corrido. Pueden constatarlo en la foto que les presento, tomada en 1886. Todo el soportal que protege los inmuebles está levantado sobre columnas y arcos del mismo estilo. Años más tarde, el soportal del Recreo sería completamente renovado, tal como lo conocemos en la actualidad. Y si va al detalle, notará queel viejo soportal corrido no tenía la baranda de balaustres que luego se le incorporarían en la remodelación de principios del XX.
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Aunque no se distingue completamente, les ayudaré a diferenciar las puertas del Recreo en la siguiente foto. En primer plano, las dos ventanas, que fueron puerta-ventanas, de la cafetería, dando al portal, ya desprovistas de su antaño encanto, las cuatro puertas, una remodelada y hecha ventana, las otras dos irreconocibles, y la cuarta, aquella que fue destinada a los famosos pankeses. Las puertas que siguen, hacia la derecha, son las entradas de las viviendas familiares. Yo no sé qué existía en esas piezas antes, si fue una sola vivienda dividida más tarde para solucionar problemas habitacionales, o si fueron locales comerciales, que al ser intervenidos a sus propietarios, fueron entregados como viviendas en usufructo a los desposeídos de los primeros años…


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La acera del Recreo, fue durante mucho tiempo, parada de la ruta 3, cuando primero las plateadas General Motors y luego las verde Belier francesas, hacían la línea Terminal-Universidad. La guagua se vaciaba en ese punto, neurálgico, porque por el parque pasaban casi todas las rutas de la ciudad. O porque era el destino nocturno de los estudiantes de la universidad, sobre todo, los no pilongos, que llegaban al centro buscando los placeres nocturnos de la ciudad. Pasillo y acera del Recreo. Espacio de flirteo nocturno, cola para entrar en la desabastecida cafetería y refugio en tiempo de aguaceros. No es un refugio de sol, salvo en la mañana a temprana hora o cuando el sol ya se ha perdido rumbo a Esperanza! Si alguien que me leyera, encontró alguna vez su sombra errando por el portal, no deje de volver alguna vez, que sombras dejamos todos en la esquina del Recreo.

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samedi 5 septembre 2009

Teatro “La Caridad” (Final)

Final! Bueno, el final de esta serie, acompañada de fotos tomadas en plena obra de restauración. No habrá final para el más caro de los proyectos filantrópicos de Marta Abreu de Estévez. Cuando lo vuelva a visitar, no podré retenerme si llevo una cámara en mano. Entonces algo se nos ocurrirá para reunirnos en el recuerdo de sus salas, de sus funciones, de las tertulias a la salida del teatro. Recuerdos agradables y también menos agradables, como aquella noche de hace unos cuatro años atrás, cuando al presentar mi entrada para ver un espectáculo de danza, el empleado del teatro que recibía en la puerta no quería dejarme entrar, me exigía una papeleta comprada en divisa, y casi nos vamos a los puños, porque yo no llevaba un cartel que dijera que “venía de fuera” como él susodicho empleado alegaba. Pobre hombre, aquel “hombre nuevo” hacedor de segregacionismos innobles, nacido y criado como yo en la misma ciudad de Marta. Pero formado en el espíritu de la desavenencia. No me dejé aplastar, adentro, mi familia se inquietaba ante mi retraso, pero no era momento de hacerlos partícipes del dolor de sentirme discriminado por otro cubano como yo. Vienen ahora las tomas exteriores del teatro. El portal con sus tres lámparas que cuelgan del techo enmaderado, los cuatro apliques exteriores, las cinco arcadas y el piso de mosaicos españoles. Las dos taquillas para la venta de entradas, enchapadas en mármol como el piso del vestíbulo. A la izquierda, La Marquesina, con sus tres o cuatro mesas ordinarias, su barra, sus tés y sus rones, y la música tratando de atraer a los escasos turistas que deciden pasar por la ciudad. Una esquina que pudiera ser otra cosa, como lo fue en los años veinte, cuando la cafetería tenía aires de café parisino o madrileño. En la esquina a la derecha, donde estuvo desde los orígenes instalado un salón de barbería, una “boutique” vende artesanía, música, y hasta pacotilla de baja monta. Deberían pensar en algo más noble para ese local del teatro.




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Marta, en el recuerdo. Y para recordarla en el centenario de su muerte, una placa fue adosada a la entrada del teatro, a la izquierda de la puerta principal. La Caridad. Ejercicio noble que practicó la insigne patriota, mujer de carácter, mujer emprendedora.

Los dejo frente al Caridad, donde comenzamos la vuelta alrededor del parque. Y si nos perdemos en alguna calle estrecha de la belicosa ciudad, no tengan temor al encuentro, nos volveremos a ver, en los portales del Caridad!


Teatro “La Caridad” (VI)

Por otra escalera, también situada en el ala izquierda, se sube al tercer nivel del teatro, y a la azotea. La sala del tercer nivel, de puntal bajo, dispone de ocho ventanas cuadradas para su ventilación y claridad. Es la pieza utilizada para los ensayos de danza. Desde la azotea, que se extiende por toda la planta, hay vistas a profusión de casi todos los barrios y de los lomeríos que protegen la ciudad cual murallas graníticas y empedradas.

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La escalera comunica también con el lunetario alto y da acceso a las galerías laterales a donde el público sale a coger fresco y conversar en los entreactos. No podré colgar todas las fotos que tomé aquella mañana de marzo. Muchas las dejo a vuestra imaginación. Sin embargo, el vestíbulo principal del teatro, al que he bajado directamente desde la azotea, tiene que tener espacio aquí, por supuesto. El orden ausente, hace parte de la rehabilitación, entren pues, y disfruten del desorden como si la restauración hubiera acabado!

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Teatro “La Caridad” (V)

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El teatro “La Caridad” tiene una sala, pequeña, a la que se accede desde el exterior del teatro, por la puerta señalada con sendas lámparas a su lado, y también por una escalera situada en el ala derecha del inmueble. La escalera, que fuera obra de los ebanistas Pianca y Ruiz, guarda su encanto de línea colonial, con el pasamanos apoyado sobre unos treinta y cinco balaustres torneados imbricados a otros cuatro gruesos balaustres. Este local situado en el segundo nivel, originalmente fue bautizado Sala Real del Teatro, y recuerdo que hace unos años atrás, un coterráneo, hombre inteligente, escritor y libre pensador, propuso, en un artículo que publicó en Vanguardia, que se omitiera el “Real” a la sala, para con ello borrar la impronta del pasado colonial. Pobre hombre al querer rehacer la historia, con tantas otras cosas que rehacer! Pero no es eso lo que me hace escribir esta crónica.

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Volvamos a la sala, cuyo esplendor viene por gozar de la ventana principal del teatro, que da hacia el parque. La ventana está coronada por un hermoso vitral enteramente conservado y dos apliques exteriores. Recuerdo haber asistido a varios conciertos en esa sala, pero no es hasta este momento, justamente cuando ella está en plena rehabilitación, que puedo admirar en su desnudez, su volumen y la luminosidad que le entra, además de por la grande puerta-ventana, por otras doce ventanas acristaladas con una luceta de dos vidrios rojos al centro de doce vidrios blancos. Por la puerta-ventana principal se accede a un balcón a todo lo ancho de la pared. Cada una de las seis ventanas de la fachada tienen su propio balcón, y las tres de cada fachada lateral, gozan de un balcón corrido.



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El interior está decorado con apliques y lámparas importadas de Europa. A los espejos traídos de Italia, se les fabricó el marco por los ebanistas contratados. Un cuadro trona en medio de la sala. Un retrato de Doña Marta Abreu de Estévez, de cuerpo entero, pintado por el pilongo Valdés. Pero la historia de esta pintura será para otra ocasión. Ocasiones no faltarán. Disfruten de un concierto imaginario en la Sala Real del Teatro, yo seguiré recordando aquel último en que un joven trovador hizo vibrar, la sala y a los espectadores, con una canción, valiente, oda a todos aquellos que se lanzaban en balsas al mar, buscando nuevos horizontes.

Teatro “La Caridad” (IV) Frescos y ornamentos





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Teatro “La Caridad” (III)

Tengo amigos fanáticos de los mosaicos que adornan los pisos de las viviendas villaclareñas. En el teatro, hay pisos y galerías de madera, unos al descubierto, otros tapizados con alfombras, y hay piezas cuyos pisos visten los arabescos floridos que muchas veces pisamos sin ponerle atención. Siguiendo mis pasos, el objetivo se disparó en el vestíbulo de entrada a los camerinos, y en las piezas superiores del teatro.

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He de suponer que el mobiliario del teatro, aunque no sea todo lo confortable que el cuerpo pide, no haya variado nada. Hace parte de la leyenda con sus marcas a relieve y cuyas dos letras esculpidas en sus respaldares dan seña del prestigioso inmueble.
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Los dos palcos principales, a cada lado del escenario, llevan estas sillas como muebles, cuyo asiento y respaldo desde su origen, van tapizados en terciopelo rojo.
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Los reservados, disponen de sillas sin tapicería, con el respaldar en forma de lira y asiento en rejilla. La sillería del gallinero o cazuela, son las misma que las de los reservados, pero sin las iniciales TC.
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Estas son las butacas numeradas de la platea y los balcones.

Yo espero que con la rehabilitación, este banco perteneciente al Palacio de Justicia, haya vuelto a su lugar, pues nada hace en el vestíbulo de entrada a los camerinos. Alguien me dijo que fue traído para una representación, y todo parece indicar que lo “olvidaron”. Esos olvidos son los que causan extravíos y pérdidas en el patrimonio, cuando los responsables, lo son a medias, o no lo son. A mi vuelta, no sé cuando, indagaré sobre el destino del mueble.

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vendredi 4 septembre 2009

Teatro “La Caridad” (II)

No se ha movido el teatro de su ancestral esquina. Sigue allí, mirando al sur, su fachada principal. El tiempo, otras administraciones e intereses, y ese clima nuestro que puede ser fatal en la conservación del pasado, si bien no lograron moverlo del lugar, fueron partícipes en remodelaciones y restauraciones no siempre favorables durantes sus primeras ocho décadas de existencia. Cierto, el mundo fue entrando en nuevas eras tecnológicas y hubo que adecuarlo a la modernidad. En 1964 fue cerrado para acometer obras de restauración. Hay quienes dicen que fue durante esa rehabilitación que el teatro recuperó su esplendor original. Conocedores de la restauración me aseguran que se cometieron barbaridades que fueron, como heridas mal cerradas, supurando y enfermando techos, frescos, y ornamentaciones. Durante las últimas cuatro décadas, hubo afectaciones técnicas, clausuras temporales, y de nuevo apertura y representaciones. El rigor en la restauración faltaba. Y como todo lo que no se conserva tal como sugieren los especialistas, termina por derrumbarse, el teatro estuvo a punto, quizás exagero, pero una cosa es verlo con ojos ordinarios y otra con la experiencia de buenos restauradores que se impacientaban por el cierre definitivo hasta su total recuperación. El teatro fue cerrado, y desgraciadamente, se anotaron fechas de entrega, porque eso de las metas y las entregas para tal ocasión, es harto conocido que no funciona. Sin embargo, la obra de rehabilitación estuvo a cargo de especialistas, restauradores, artesanos, maestros de obraje y al frente de todo, una cabeza genial, que imprimieron amor y deseos a la restauración del teatro, que aunque es de todos los santaclareños, yo diría, de Marta. No he visto el teatro, que fue reinaugurado para el 320 aniversario de la fundación de la ciudad, pero me han contado, y hasta una golondrina nórdica (hay golondrinas en los países nórdicos?) revoloteó por sus techos, y vio la esbeltez del edificio caro a ella también! Puedo sólo ofrecerles, una visita al teatro en plena obra, los obreros encaramados, martilleando, lisando, calculando. No podré abrirles la puerta grande de la entrada, recuerden que estaba en obras, entraremos por una puerta del lateral derecho, y comenzaremos por las interioridades de uno de los ocho teatros construidos en la isla durante el periodo colonial español. Entré por la puerta que genera todo el entra y sale de obreros y artesanos. Es la entrada de los artistas que se producen en el teatro, y desde cuyo vestíbulo, van a sus camerinos. Camerinos que han visto prepararse a grandes de la música, del canto y de la danza. Una renovación que va con las exigencias actuales. Y luego, entre penumbras y claridad infiltrada por ventanas y vidrios, me paseé por la parrilla o tramoya, detrás de las bambalinas.

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Desde el escenario, el teatro vacío parece inmenso, y sin público ni aplausos, aquel espacio era todo mío, con una sola “idée en tête”, la de compartir aquel momento, más tarde, a través de este blog. Estoy tirado sobre el piso de madera del escenario. Debajo, el foso de la orquesta se agita a ritmo de sierras y martillos. Desde mi posición, puedo captar toda la estructura de madera. En platea, veo fantasmas de asiduos a las representaciones del teatro. La silueta de Marta, abanicándose, en su palco, hace que me incorpore, y trato de escalar los balcones y subir al gallinero. El gallinero era una fiesta durante los festivales culturales de los estudiantes. Para las piezas de teatro, siempre preferí los balcones hacia el centro. Mi amigo Andrés me ha hecho recordar el concierto que dio Locomotiv GT, el grupo húngaro, allá por el 79, recuerdo que nuestro viejo amigo Antonio Méndez, se batió a capa y espada para comprar todas las entradas (por dónde andarás, Antonio?, te perdimos de vista, debes andar proyectando edificios en la Big Apple!, te recordamos, amigo!), y aquella noche fue una locura para entrar, hasta con las entradas compradas, Vivian, Olga Victoria, Roxana, y aquella tropa del pre que nada nos desunía!

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jeudi 3 septembre 2009

Teatro “La Caridad” (I)

En noviembre 2008, presenté en este blog, un trabajo sobre la historia del teatro “La Caridad”. [El teatro “La Caridad” de Santa Clara ]. Pero revenir al edificio insignia de Marta Abreu de Estévez era una tarea que necesitaba un largo desplazamiento y una ocasión. La posibilidad de escudriñar las interioridades de nuestra joya patrimonial no tuvo objeción, y encontré el apoyo en entrañables amigos que aman la ciudad de Marta. Cualquier cosa que hagamos por mantener viva la memoria histórica, es válida. Rehabilitar y conservar una obra o conjunto patrimonial es de suma importancia, darlo a conocer, hace parte de esa conservación. Por ello, al darle la vuelta al parque, hemos convenido, mi teclado y yo, comenzar por esa esquina villaclareña donde en 1885 abrió sus puertas el teatro “La Caridad”.

En 1881, se habían ejecutado obras de reordenamiento urbano en la plaza Mayor de Santa Clara, que oficialmente se llamaba desde 1849, Plaza de Recreo [La plaza parque…(pavimentación y jardinería)]. La parcela frontal a la plaza, entre las calles Carmen Y Santa Ana, estaba ocupada por los viejos muros de la ermita de la Candelaria, utilizados desde 1849 como cuartel. En 1883, el terreno fue negociado por el ayuntamiento de Santa Clara, para en su lugar permitir la construcción del teatro. Marta Abreu, creía útil el teatro, y precisamente allí, cuyo emplazamiento lo convertiría en blasón de la cultura. A cambio, en el negocio con la administración, Marta construiría obras benéficas en terrenos de la calle Gloria. Así comenzó la historia del teatro. Al quedar demolida la ermita-convento-hospicio-cuartel, fueron firmadas las escrituras en la escribanía del ayuntamiento y las obras no tardaron en comenzar.


El Teatro Caridad en su fase constructiva a finales de 1884. El ingeniero contratista Herminio Leiva, aparece a la izquierda, sosteniendo en sus brazos los planos de la obra.

Para la fecha en que los cubanos celebran a su patrona, la virgen de la Caridad del Cobre, fue señalada la inauguración del teatro, cuyos beneficios se invertirían en los pobres y desamparados de la ciudad. La Plaza de Recreo vio alzarse con esplendor el edificio de líneas neoclásicas, cuya estructura interior fue propuesta por Marta, siguiendo la de un teatro parisino al que ella acostumbraba a asistir. Una investigación, que por falta de datos precisos no logro dar por terminada.

mercredi 2 septembre 2009

El corazón urbano de Santa Clara

En trabajos anteriores, fuimos ordenando la evolución urbana de Santa Clara teniendo en cuenta su eje central, que es el Parque Vidal, desde su primitivo cuadrilátero trazado en 1689 hasta su esquema de « Parque Republicano » en la década del treinta. No hay espacios vacíos entre esa década y la actualidad, y las lagunas que pudieran formarse en nuestra imaginación, encontrarán salida a sus aguas. Simplemente, voy a salirme del cuadrilátero pero sin alejarme de él. El Parque Vidal es el corazón de la ciudad, y no escaparé por las venas que lo hacen latir, sino que me detendré en el conjunto inmobiliario que lo rodea, y que se me antojan músculos papilares, del constante latir del corazón urbano. Si lo observamos desde la altura, el Parque Vidal se nos presenta así:



En trabajos sucesivos, iremos construyendo los inmuebles que con el filo de los años se han convertido en símbolos y que le dan vida propia al parque, con el ir y venir de los pilongos en su ajetreo cotidiano, los curiosos que pasan por la ciudad de Marta en busca de historias recientes, unos por su eclecticismo delirante, otros por los misterios que puede ofrecer una ciudad de provincias, apenas vieja de trescientos veinte años. Los invito a darle la vuelta al parque, como cuando lo hicieron nuestros abuelos, nuestros padres, y no hace tanto nosotros…